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¿Tenemos en México la cultura de la corrupción?

Hace no mucho tiempo, cuando el Presidente Peña Nieto se refirió a la corrupción en nuestro país, señaló que el tema es de “orden cultural”. Podemos estar de entrada de acuerdo o no con esta percepción del problema, lo que no podemos negar es que una mayoría del pueblo mexicano así lo cree porque así vive la corrupción en su vida diaria. Sin embargo, si rastreamos los orígenes de la corrupción en nuestro país, podremos darnos cuenta que el problema es más complejo, y que resignarse a pensar que es un problema cultural, porque “así somos y ni modo”, es simplificar el problema de una forma grotesca.

La corrupción es un problema multifacético y complejo con distintas causas y efectos. La corrupción va desde el caso aislado que involucra a un solo burócrata, hasta convertirse en un fenómeno general que origina una serie de distorsiones en la economía. Nye señala que la débil legitimidad de las instituciones gubernamentales contribuye a la corrupción (Nye, Joseph. (1967), “Corruption and Political Development: A Cost-Benefit Analysis”, American Political Science Review, vol. 61, núm. 2, pp. 417-427).

La corrupción podemos decir que llegó a nuestro país con la conquista española. Con esto no quiero decir que las culturas mesoamericanas fueran incorruptibles y puras, simplemente eran formaciones económicas precapitalistas en las cuales todavía no se desarrollaba la producción y el intercambio generalizado de mercancías y por consiguiente este tipo de prácticas no eran necesarias dado que el acceso a los bienes de consumo y el atesoramiento de riquezas estaba ligado más bien a privilegios teocráticos-gubernamentales y a la diferenciación social en castas más que en clases sociales.

Durante la época virreinal e independiente, podríamos ubicar el inicio de las prácticas de corrupción, principalmente el soborno a burócratas gubernamentales. Con el inicio de los “gobiernos revolucionarios”, a partir de la creación de una estructura estatal monolítica y unipartidista, la corrupción se entronizó en México. Sumándole los ingredientes de corporativismo y control de las organizaciones de masas, la corrupción alcanzó niveles que no había tenido antes. El sexenio alemanista en particular tiene la penosa distinción de haber institucionalizado la corrupción, al grado que en sexenios posteriores se hablaba de las “comaladas de millonarios” que esos sexenios generaban.

La corrupción ha sido consustancial, podríamos decir que ha vivido en simbiosis plena, con los gobiernos priístas. Con el crecimiento del poder del Estado mexicano durante este periodo, los ciudadanos aprendimos que en la relación con este debería mediar la dádiva, la prebenda, el soborno y la mordida si se desea una resolución favorable y rápida a su pago, a su planteamiento i a su necesidad.

La transición democrática con Vicente Fox, que tantas esperanzas despertó en la sociedad, con sus reiteradas promesas de combatir la corrupción de los anteriores gobiernos y el castigo y encarcelamiento de los corruptos priístas, solamente desembocó en gobiernos blanquiazules más corruptos que los anteriores. Fue como el parto de los montes, el cual parió solamente un ridículo ratón. A partir de entonces, la tesis de Nye ya mencionada es evidenciada con mayor solidez. Las instituciones gubernamentales se han ido debilitando progresivamente; del poder omnímodo de los sexenios priístas, se ha pasado a una deslegitimación de las instituciones del Estado.

Un experto norteamericano en el tema de los “Estados fallidos”; Ted Galen Carpenter en su artículo: http://nationalinterest.org/feature/watch-out-america-mexico-may-be-the-next-failed-state-12142?page=2, señala claramente que México ha estado asolado durante mucho tiempo por la corrupción generalizada, los cárteles de la droga y otras organizaciones delictivas que han penetrado con facilidad en las instituciones gubernamentales.

Por ello, y basándose en el transcurso de los hechos actuales, Carpenter establece que este país podría convertirse en un Estado fallido. A esto se le añade que los cárteles de droga siguen siendo igual de “poderosos y despiadados como siempre”, algunos de los cuales se están ramificando hacia el exterior con el tráfico de órganos, la extorsión, el secuestro y otras actividades delictivas para incrementar sus ingresos, llegando a construir un “Gobierno paralelo” en algunas regiones del país. Así, se vislumbra un desalentador futuro si no se toman medidas ante estos puntos clave que sirven de advertencias predictivas hacia cual puede ser el destino de México en caso de que la actual situación se prolongue en el tiempo.

De ninguna manera podemos afirmar que la corrupción sea pues un “tema de orden cultural” en nuestro país. Afirmarlo así es resignarnos a pensar que, con las “reformas estructurales en proceso” (Peña Nieto dixit), tardaremos décadas o generaciones en eliminar la corrupción, teniendo como supuesto base que el gobierno de Peña Nieto tenga el firme propósito de erradicarla –- lo cual el que esto escribe duda enfáticamente–, ya que hemos sido testigos de conflictos de intereses y de evidente corrupción en él y en su grupo cercano de allegados, junto con acciones teatrales para convencer a la sociedad de que en verdad está actuando contra la corrupción. La iglesia en manos de Lutero, como se dice.

La corrupción en México se puede erradicar. El autor de estas líneas ha sido funcionario público, en responsabilidades que hubieran permitido un enriquecimiento acelerado pero ilícito. En las áreas que me ha tocado dirigir, impuse una ética anticorrupción con el ejemplo personal, y castigué la corrupción donde la encontré.

Los resultados en muy poco tiempo fueron evidentes. Por eso no puedo estar más de acuerdo con un verdadero y frontal ataque a la corrupción, que cuesta ya millones de pesos al año al pueblo mexicano. Para que esta lucha fructifique, debe hacerse como el barrido de las escaleras: de arriba para abajo. Mientras en la cima de la clase política, encarnada en Peña Nieto, su camarilla y los partidos políticos firmantes del “Pacto por México”, prevalezca la corrupción desenfrenada, nada podrá hacerse. Es tiempo de un cambio verdadero en nuestro mancillado, explotado y vilipendiado país.

Lacorrupcionenmexico.com.mx


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